RETRATO DE CARLOS V EN MÜHLBERG

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RETRATO DE CARLOS V EN MÜHLBERG. 1548. TIZIANO. ÓLEO SOBRE LIENZO. MUSEO DEL PRADO, MADRID.

TIZIANO (1490-1576) es el máximo representante del Cinquecento veneciano. Alumno de Giorgone le separa de él su camino elegido hacia la fama y el trabajo para los poderosos que le llevará a ser diplomático y pintor de Carlos I y Felipe II.

Tiziano fue artista de la corte española durante el siglo XVI, cuando España era la potencia hegemónica en Europa y en el mundo. El artista buscó durante su trayectoria profesional modelos sencillos, pero igualmente efectivos, para la transmisión de la autoridad que pretendía transmitir en sus obras. Esta simplicidad compositiva fue del agrado del rey Carlos I (V de Alemania), convirtiéndose en el artista favorito del monarca.

Una de las obras más conocidas y que mayor reconocimiento han tenido fue el retrato de Tiziano llamado “Carlos V a caballo en la batalla de Mülhberg”, realizado en el año 1548, que se convirtió en el arquetipo fundamental del género. Tiziano concentró toda la atención en el monarca, en lugar de incluir alegorías de otro tipo. Tiziano plasma en este cuadro una imagen mítica del emperador Carlos V como encarnación del emperador clásico romano y como el caballero cristiano que da triunfos a la fe católica.

En el cuadro se retrata a Carlos V junto al río Elba momentos antes de la batalla de Mülhberg el 24 de abril de 1547. Con esta victoria Carlos V reafirmó su poder territorial en el centro de Europa al vencer a los enemigos herejes. Carlos V aparece montando en un caballo español castaño oscuro y está ataviado con una armadura. Lleva la banda de Comandante de color rojo y empuña en su mano derecha la lanza y mira hacia delante con gran resolución, de forma segura antes de la batalla. Este retrato da una imagen heroica del monarca representado en la propia secuencia histórica, es decir, en el mismo transcurso de la batalla.

Tiziano hace un magnífico uso del color, con una pincelada cada vez más suelta, especialmente en las tonalidades cálidas que dominan la obra y capta a la perfección las diferentes calidades, desde el brillo de los metales en la soberbia armadura, hasta la suavidad del terciopelo o el pelaje del animal.

La importancia del retrato de Carlos V a caballo se debe a que constituye el primer retrato ecuestre autónomo de la historia de la pintura, convirtiéndose en referencia y en modelo a imitar por los monarcas de la Edad Moderna. El cuadro se confirmó como imagen por excelencia de la casa real y ocupó un lugar preferente en el Antiguo Alcázar de Madrid, donde se exponía.

Se convertirá en referencia para artistas posteriores, influyendo por ejemplo en los retratos de corte de Velázquez.

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LA CAPILLA SIXTINA

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LA CAPILLA SIXTINA. 1508-1512. MIGUEL ÁNGEL. SAN PEDRO DEL VATICANO, ROMA.

MIGUEL ÁNGEL BUONARROTI demostró también ser un pintor excepcional; en su creación estuvo a mitad de camino entre el clasicismo y el manierismo. Julio II le va a encargar pintar las bóvedas de la Capilla Sixtina, como compensación al abandono en la ejecución de su tumba. El trabajo le llevará de 1508 a 1512. Tras el paso de 24 años decorará el muro frontal de la misma Capilla, en el que plasmará su Juicio Final.

La Capilla Sixtina fue mandada construir por el papa Sixto IV hacia 1475. Las paredes habían sido pintadas al fresco a finales del siglo XV por maestros quattrocentistas y la bóveda estaba cubierta de una tonalidad azul y de estrellas doradas. Allí, sobre 500 metros cuadrados de bóveda, pintará Miguel Ángel más de 300 cuerpos a 25 m. de altura.
La temática es religiosa. En los lunetos se representan los antepasados de Cristo desde Abraham; las bovedillas se dedican a las familias hebreas a la espera del Mesías; entre las bovedillas, los tronos de las Sibilas y los Profetas y, en el centro, la Historia del Génesis en diversas escenas (Expulsión del Paraíso, Nacimiento de Adán, Diluvio…).

Miguel Ángel simula diez arcos fajones con la intención de dividir la gran bóveda de cañón en nueve tramos. Dos falsas cornisas parten los tramos en tres registros.

En las esquinas están sentados los ignudi, un total de 20 adolescentes desnudos, como esculturas vivas, sin justificación narrativa, que sostienen medallones de bronce con escenas del antiguo testamento.

La escena protagonista, situada en el centro, es la creación de Adán, en la que capta el instante en que Dios insufla vida a Adán.

Técnicamente se trata de un fresco con retoques de temple en el que destaca la fuerza del dibujo con la característica tensión miguelangelesca: formas abiertas, dilatadas, robustas, que tienen como referente el desnudo clásico.

La restauración llevada a cabo en los noventa del pasado siglo puso de manifiesto la importancia de los colores vivos y contrastados.

En los frescos de la Bóveda de la Capilla Sixtina encontramos a un artista que se mueve entre cierto equilibrio y la perfección clásica y que, en parte, sigue la tradición escultoricista de Giotto, Masaccio: la escultura y la arquitectura fingidas por la pintura.

Mientras pinta la Capilla Sixtina, bajo el mecenazgo de Julio II, Miguel Ángel coincidirá en el Vaticano con artistas como Rafael y Bramante, que estaban trabajando para el Papa.

Después de 20 años Miguel Ángel acomete la decoración del fresco mural de la pared del fondo de la Capilla. Aquí vamos a encontrar otra concepción, un espíritu anticlásico a favor de la expresividad de los condenados. Se trata del Juicio Final (1536-1541).

LA ESCUELA DE ATENAS

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LA ESCUELA DE ATENAS. 1509-1511. RAFAEL. PINTURA AL FRESCO. STANZA DELLA SIGNATURA. VATICANO, ROMA.

La escuela de Atenas fue pintada por Rafael en 1509 como encargo del Papa Julio II para la decoración de la Stanza della Segnatura, convertida en su biblioteca privada.

La obra representa a la Filosofía,  junto con a la teología, el derecho y la poesía, que decoran el resto de las paredes de la estancia. Rafael reúne en la obra a los que en la edad media se consideraban los padres del pensamiento, pero tomando de modelo a personajes públicos de la época, como Leonardo da Vinci encarnando a Platón o Miguel Ángel como Heráclito.

Aparecen representados sabios, artistas y filósofos en el interior de un grandioso edificio cubierto por bóvedas de cañón artesonadas y una gran cúpula, modelo de arquitectura renacentista. En los nichos laterales aparecen dos representaciones escultóricas: Apolo a la izquierda y Atenea a la derecha, representado la razón y las artes y la sabiduría respectivamente.

Destacan en el centro de la composición los dos grandes filósofos de la Antigüedad: Platón con el Timeo bajo el brazo y elevando el dedo índice hacia el cielo  (el idealismo) y Aristóteles con la Ética en una mano y con la palma de la otra vuelta hacia abajo (el empirismo) quiere expresar el valor de la experiencia. Se representan los dos caminos de aproximación al conocimiento.

A su alrededor y dispuestos en varios grupos, aparecen filósofos y sabios de la antigüedad. Destacan a la izquierda Sócrates, Pitágoras, Heráclito (apoyado sobre un bloque de mármol que está representado como Miguel Ángel), Diógenes, Euclides (probablemente Bramante). También aparecen Rafael(autorretrato) e Hipatia, mirando al espectador.

El espacio se ha representado de acuerdo con las leyes de la perspectiva lineal. El punto de fuga donde convergen las líneas que ordenan el espacio, está situado entre las dos cabezas de las figuras centrales.

Esta obra muestra también la nueva consideración social del artista en el Renacimiento, ya que algunos de los representados tienen los rostros de artistas de la época. Los artistas entran en la asamblea de los sabios y filósofos, y las artes figurativas alcanzan así la categoría de las artes liberales.

La obra es un excelente ejemplo del clasicismo renacentista y de los ideales humanistas de la época.

Rafael coincide con Leonardo y Miguel Ángel en Florencia y también en Roma con Miguel Ángel, que está pintado la Capilla Sixtina mientras él decora las estancias vaticanas. Se aprecia la influencia de ambos artistas y la admiración y respeto que les profesa.

 

LA VIRGEN DE LAS ROCAS

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LA VIRGEN DE LAS ROCAS. LEONARDO DA VINCI. ÓLEO SOBRE TABLA. MUSEO DEL LOUVRE. PARÍS.1,99 m x 1,22 m.

Existen dos versiones de esta obra, una en el museo del Louvre y la otra en la National Gallery de Londres. La del Louvre se considera la primera pintura realizada por Leonardo en Milán. La segunda versión es posterior y se cree que se hizo con la ayuda de otros pintores.

Se trata de una pintura realizada para un altar de madera encargado a los hermanos de Predis por la cofradía de la Concepción de Milán, que debía situarse en la capilla de San Francisco el Grande. Para evitar que se perdiera entre la decoración que adornaba el altar, el cuadro tenía que contar con una gran fuerza. La tabla no llegó a instalarse y se la quedó el propio Leonardo por no haber llegado a un acuerdo con el precio. Posteriormente pasaría a manos de Ludovico el Moro, y después a los franceses.

La obra representa a la Virgen María arrodillada protegiendo dulcemente a San Juan, que a su vez está arrodillado, adorando al niño Jesús. Jesús bendice a su primo y tras él un ángel nos mira y señala a San Juan. Las figuras se encuentran en una extraña gruta, emergiendo de la penumbra y rodeados por rocas, entre las que fluye el río. Es un ambiente misterioso, que no responde a un paisaje existente o real.

La composición enmarca a las figuras en un triángulo. Además las cuatro cabezas están colocadas en un círculo. La composición es equilibrada. Hay una sensación de sutil movimiento marcado por ese círculo y la comunicación que existe entre los personajes mediante los gestos de las manos.

No existen fuertes contrastes de color, destaca en primer término la vestimenta roja del ángel y predominan los tonos fríos que producen sensación de lejanía.

La luz modela los cuerpos produciendo una suave gradación de las zonas iluminadas a las zonas oscuras, que llamamos sfumato.

A Leonardo debemos la invención de la perspectiva aérea. Pensaba que la perspectiva lineal falsea la visión natural y no refleja el carácter mutable de la naturaleza. Por eso incorpora la atmósfera en la que están inmersos los cuerpos. Los contornos aparecen desdibujados en la distancia. Elige el atardecer porque las sombras confieren una especial belleza a la escena, dándole un aire misterioso.