IGLESIA DE IL GESÚ

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IL GESÚ

Inicio de las obras 1568. Fachada 1571-1575. Vignola y Giacomo della Porta. Roma, Italia.

Es obra de Jacopo Barozzi, llamado “el Vignola” (nombre del pueblo donde nació), discípulo de Miguel Ángel y autor de uno de los tratados de arquitectura más importantes del siglo XVI (Reglas de los cinco órdenes de arquitectura).

El edificio fue encargado por Francisco de Borja, para albergar el sepulcro de San Ignacio de Loyola y va a ser el modelo de las iglesias jesuíticas.

Vignola proyectó el nuevo modelo de iglesia inspirado tanto en los ideales de la Contrarreforma como en el espíritu de las nuevas órdenes religiosas. Este modelo fue el enclave fundamental de los jesuitas, un proyecto que fue adoptado por la inmensa mayoría de los países católicos. Ese modelo quedará plasmado en esta iglesia y será muy repetido. Destaca la originalidad de la planta, que supone una ruptura con las plantas centrales que se habían impuesto en el siglo XVI, con Bramante y Miguel Ángel. Como precedente encontramos la iglesia de San Andrés de Mantua, de Alberti.

Vignola plantea una planta de cruz latina de una sola nave de casi dieciocho metros de luz, que proporciona un espacio amplio, con capillas laterales y un ábside circular. La nave única está cubierta con bóveda de cañón sobre pilastras pareadas e iluminada por lunetos abiertos en la propia bóveda y el crucero cubierto con una cúpula.  El transepto no sobresale lateralmente. El interior será remodelado en el Barroco.

La fachada fue obra de Giacomo della Porta. Formada por dos cuerpos de diferente anchura, unidos mediante grandes volutas. Esta fórmula fue utilizada ya por Alberti en Santa Maria Novella, en Florencia. El piso superior está rematado con un frontón y la puerta principal con un doble frontón triangular y curvo. La repetición de pilastras en ambos cuerpos crea un vigoroso relieve de entrantes y salientes, con fuertes contrastes de luces y sombras.

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CÚPULA DE SAN PEDRO DEL VATICANO

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Cúpula de San Pedro del Vaticano. 1547-1564. Miguel Ángel. Roma, Italia.

La figura más importante del Cinquecento es, sin lugar, a dudas Miguel Ángel (1475-1564), arquitecto, pintor y escultor.

Durante el pontificado de Julio II, que duró diez años, se diseñaron grandes proyectos para la ciudad de Roma.

Julio II decidió que se levantara sobre el sepulcro de San Pedro un gran templo que debía representar el poder de la Iglesia católica. En 1505 convocó un concurso para poner en marcha el nuevo proyecto. El Papa se inclinó por las ideas de Bramante, un arquitecto llegado de Milán, que llevaba poco tiempo trabajando en Roma. Bramante diseñó una planta de cruz griega cuyos brazos terminaban en cuatro ábsides. Cinco cúpulas coronaban el edificio y cuatro pórticos, correspondientes a los brazos de la cruz, constituían las fachadas. Sin embargo, su proyecto será modificado por los sucesivos arquitectos que asuman la dirección de las obras, aunque sus ideas tendrán gran influencia sobre ellos.

A la muerte de Bramante, en 1514, Rafael tomará a su cargo la dirección de las obras que avanzarán poco a pesar de que el pintor contará con la ayuda del arquitecto florentino Antonio da Sangallo. Desaparecidos los dos artistas, la obra quedó inacabada hasta que finalmente se hizo cargo de ella Miguel Ángel, que vuelve a la primitiva idea de Bramante de un edificio de planta central al que se propone dotar de una coronación gigantesca. Sin embargo simplifica el esquema de Bramante al diseñar un templo de planta central de cruz griega con un solo acceso, no los cuatro de Bramante, y levanta la cúpula a una altura de 131 m. La cúpula (de 42 m de diámetro) está sostenida por cuatro robustos pilares ochavados y se levanta sobre un tambor circular, con columnas pareadas y ventanas rematadas con frontones rectos y curvilíneos, alternándose, que encima presentan cartelas decoradas con guirnaldas, todos ellos elementos del más puro clasicismo.

Al igual que la cúpula de Santa María dei Fiore, está formada por dos cascarones, el exterior es más apuntado que el interior. Exteriormente los nervios dinamizan visualmente la cúpula. Este tratamiento nos revela la mano de un gran escultor, que en realidad modela los volúmenes arquitectónicos.

La cúpula se convirtió en el elemento más expresivo del edificio. Miguel Ángel murió en 1564 cuando la cúpula estaba solamente en el arranque, pero dejó el modelo detallado que su discípulo Giacomo della Porta se encargo de culminar.

Esta gran cúpula será un modelo imitado en el Barroco y en épocas posteriores. Es símbolo del Universo y de la Cristiandad y de la primacía de Roma en la Iglesia Católica.

 

SAN PIETRO IN MONTORIO

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San Pietro in Montorio. 1502-1503. Bramante. Roma, Italia.

Las investigaciones de Bramante sobre las iglesias de planta central quedan muy bien reflejadas en esta obra, perfecta expresión de los ideales del Renacimiento pleno. Los Reyes Católicos, en ese tiempo, también monarcas de Nápoles, decidieron construir un templo en el lugar donde, según la tradición, había sido crucificado San Pedro. Se trataba de exaltar la figura de Pedro, como pontífice de Roma, capital de la Cristiandad. La finalidad conmemorativa del monumento llevó a Bramante a elegir la planta circular, cuyos antecedentes los podemos encontrar en los templos circulares griegos (tholos) y romanos, en determinados enterramientos romanos y en los martyria paleocristianos.

Se trata de un edificio de planta circular y períptero. La elección del círculo se debe a su claro significado simbólico al representar la perfección divina y la eternidad. Todos los elementos del edificio corresponden a esta forma. Los templos dedicados al sol y la luna eran circulares, y San Pedro es para  los cristianos el astro que les sirve de guía.

El templo es de pequeñas dimensiones, ya que su diámetro interior es de 5 metros, su diámetro total de 10 metros y la altura máxima alcanza 12,50 metros. Está construido con travertino y mármol.

El edificio se levanta sobre un basamento circular escalonado y está formado por un pórtico circular de 16 columnas de orden toscano con el fuste liso, sobre el que descansa un entablamento con arquitrabe, friso a base de triglifos y metopas(decoradas con los símbolos del papado: las llaves de Pedro, la tiara pontificia, el cáliz y la patena) y cornisa. Sobre este primer piso se levanta un segundo cuerpo en el que alternan hornacinas semicirculares y adinteladas. Una balaustrada rodea este segundo piso, cubierto con cúpula rematada por una linterna.