MUJERES DE TAHITÍ

GAUGIN

MUJERES DE TAHITÍ. 1891. PAUL GAUGIN. ÓLEO SOBRE LIENZO, 69 x 90 cm. Museo D’Orsay, Paris.

La escena representa a dos figuras femeninas, dos mujeres indígenas de los Mares del Sur, sentadas en una playa.

GAUGUIN niega la fugacidad y la apariencia que quiere captar el impresionismo. Considera que nuestra manera de ver está muy condicionada por la cultura que Europa viene arrastrando desde antiguo y que, por tanto, hay que buscar en las culturas extraeuropeas otra modo de mirar. A esto se le ha llamado primitivismo.  El resultado va a ser que el cuadro deja de reproducir la realidad (ruptura con la “mímesis” occidental) para convertirse en una realidad en sí misma. Así lo podemos apreciar en estas Tahitianas, figuras grandes, contorneadas, como si fueran tallas de madera sobre la arena.

Las renuncias son evidentes: la perspectiva ha desaparecido y las franjas que representan el mar no son más que bandas superpuestas; el modelado casi no existe porque las sombras se han suprimido y todo da la sensación de un plano como las estampas japonesas.

El color destaca en la falda roja y flores blancas; tonos rosas para la mujer de la derecha, en contraste siempre con el color de sus pieles. Este color se extiende de manera pura, en campo extenso y dentro de gruesos contornos.
El espacio carece de profundidad porque es un ámbito poético, místico; todo parece arbitrario y antinaturalista porque está dictado por la emoción.

A través de sus obras realizadas en Tahití, Gaugin quiere reflejar la alegría de una vida sencilla en armonía con la Naturaleza, la sensualidad de los cuerpos de las mujeres indígenas o la dimensión espiritual de su cultura, en su búsqueda a una respuesta sobre la verdadera finalidad de nuestra existencia. Rechazo y oposición a la civilización industrial.

LA NOCHE ESTRELLADA

VAN GOGH

LA NOCHE ESTRELLADA. 1889. VINCENT VAN GOGH. ÓLEO SOBRE LIENZO, 73 x 92 cm. The Museum of Modern Art. Nueva York. EEUU.

Se trata de una obra de su etapa final, pintada durante su estancia en el hospital psiquiátrico de Saint-Rémy de Provence. Van Gogh estaba recluido, pero le dejaban pintar en el exterior, acompañado de un vigilante. Era su verdadera terapia, ya que sólo vivía para la pintura.

El tema representado es un cielo nocturno, una noche estrellada. En esta época pintará escenas nocturnas, al aire libre, provisto de candiles que colocaba en el ala de su sombrero y alrededor del lienzo.

En primer término se encuentran dos cipreses, uno de los cuales llega hasta el límite superior del cuadro, que en paralelo con el campanario de la iglesia marca un fuerte impulso ascensional en la obra. El cielo que ocupa la mayor parte de la superficie del cuadro está atravesado por dos enormes espirales. Once estrellas lo iluminan y a la derecha se encuentra la enigmática figura de un sol-luna. En el horizonte una brillante luz amarilla se extiende por encima de las colinas. Las casas del pueblo están trazadas con líneas rectas y formas geométricas básicas como rectángulos, triángulos, cuadrados…

El azul es el color dominante y con él contrastan el amarillo de las luces celestes y las ventanas, así como el color verde de los cipreses. El color adquiere un extraordinario valor como recurso expresivo. La pincelada gruesa, cargada de materia pictórica, sigue las formas de los objetos representados: paralelas y concéntricas en los astros, sinuosas en los cipreses, rectas en las casas…Los dos cipreses actúan de nexo de unión con el cielo y parecen perderse en la altura.

La obra transmite una intensa sensación de inquietud y desasosiego espiritual. El cielo se mueve como un mar de líneas ondulantes. No hay en la obra voluntad de reflejar la Naturaleza, sino que ésta se convierte en el vehículo de expresión de un alma atormentada.

 

 

LOS JUGADORES DE CARTAS

cezanne

LOS JUGADORES DE CARTAS. 1890-92. PAUL CÉZANNE. ÓLEO SOBRE LIENZO, 45 x 57 cm. MUSEO D’ORSAY, PARIS. 

En la obra aparecen representados dos hombres jugando a las cartas sentados a ambos lados de una mesa, sobre la que hay una botella de vino, un tema muy cotidiano, lejos de los asuntos trascendentes que ocuparon durante siglos a los artistas.

En la composición, la botella actúa como eje de simetría, delimitando dos mitades ligeramente desiguales, siendo mayor la parte de la izquierda, ya que el personaje de la derecha aparece recortado por el borde del cuadro. El centro de atención se encuentra en las manos de los jugadores a través de sus posturas, ya que no hay la menor expresión en los rostros: uno concentrado en escoger la carta que ha de jugar a la derecha y el otro esperando a la izquierda (relación psicológica entre los personajes).

La verdadera importancia del cuadro se encuentra en el tratamiento de los volúmenes. Para Cézanne la naturaleza puede reducirse a simples volúmenes geométricos que es donde se encuentra la esencia de cada figura, prescindiendo de todo lo accesorio. Estos volúmenes vienen definidos por la línea que delimita las formas y sobre todo por el color (tonos cálidos, ocres y verdosos) que se aplica en pinceladas breves de distintas tonalidades.

CÉZANNE también optó por el rigor científico, como rigurosa y rutinaria fue su vida, la de un investigador de la pintura. Del impresionismo no podía soportar el que los colores puros se aplicaran sin tener en cuenta el contorno de las figuras ni ese efecto evanescente que se creaba. Acusaba a Monet de ser sólo ojo: quería sumar a la mirada cerebro y hacer del Impresionismo un arte de Museos. Para esto necesitaba encontrar la permanencia que da el volumen gracias a la geometría, el dibujo, la definición de la forma.

 

MOULIN ROUGE

moulin rouge

MOULIN ROUGE. 1892. TOULOUSE LAUTREC. LITOGRAFÍA SOBRE CARTÓN.

Es el primero de los muchos carteles que el autor hizo a lo largo de su vida. Se trata de una litografía que fue encargo de los propietarios del local y que gracias al procedimiento pudo ser reproducida como cartel. La obra tenía como finalidad atraer público al Moulin Rouge, lo que condiciona sus características ya que tiene que llamar la atención y su mensaje debe ser claro e impactante.
Está pensada para ser vista de lejos; de ahí los colores autónomos, vivos y contrastados. El dibujo es nítido y sinuoso y las figuras (dos bailarines del Moulin, conocidos y reconocibles) aparecen definidas e individualizadas. En la parte superior el anuncio del local (con el principio de la repetición, tan usado en publicidad) seguido de los espectadores en siluetas negras para dar paso a la bailarina en arriesgada pirueta bailando el can-can (blanco de enaguas, blusa roja, medias negras) mientras en el cuadrante inferior de la derecha se encuentra recortada la silueta masculina con chistera como en caricatura. Al artista le ha influido la estampa japonesa y sus encuadres pero su obra influirá a su vez decisivamente en la pintura y el cartelismo posteriores.

TOULOUSE-LAUTREC fue el pintor de Montmatre (barrio de París) y de su vida artificiosa y brillante: cabarets, variedades, circo, casas cerradas, prostitutas… el mundo efímero de las variedades.

Fue el primer artista en intuir la importancia de ese género artístico que es la publicidad. Para él hacer un cartel, un affiche, es tan importante como un cuadro. Más que la representación que se fija y se muestra, la comunicación para estimular, insinuar, producir impacto.

UNA TARDE DE DOMINGO EN LA ISLA DE LA GRANDE JATTE

seurat

UNA TARDE DE DOMINGO EN LA ISLA DE LA GRANDE JATTE. 1884-86. GEORGES SEURAT. ÓLEO SOBRE LIENZO, 2,05 x 3,04 m. Art Institute de Chicago, EEUU.

Esta obra puede considerarse como un verdadero manifiesto del neoimpresionismo o puntillismo. Pese a que el artista elige un tema propio de la pintura impresionista, su planteamiento no responde en absoluto a la inmediatez de las obras de estos artistas. Durante dos años el artista llevó a cabo 38 bocetos al óleo y 23 dibujos preparatorios, para posteriormente realizar la obra en su estudio.

Seurat tuvo una sólida formación académica, fue gran dibujante y discípulo de Ingres. Quiere representar en esta obra los efectos de la luz y la atmósfera en la Isla, poblada por numerosos paseantes en una calurosa tarde de domingo.

Basándose en las teorias del color de Chevreul elabora un método científico que le permite sistematizar un principio que los impresionistas aplicaban intuitivamente. Los colores  compuestos  se obtienen sin mezclarlos en la paleta o sobre la tela, sino yuxtaponiéndolos en manchas de color puro para que la mezcla óptica se realice en la retina del observador. Esta fusión será más inmediata y profunda cuánto más pequeños sean los trazos yuxtapuestos. Además la luminosidad de la mezcla óptica es siempre superior a la de la mezcla material de los colores, por lo que la obra gana en luminosidad y color.

La composición se estructura a partir de una vertical establecida por la figura central que divide el cuadro en dos partes. A su vez cada mitad está dividida por otras dos líneas, sobre las que se encuentran, a la derecha, la pareja de pie y a la izquierda los tres personajes sobre la hierba. Este deseo de superar la fugacidad le lleva también a reducir las figuras a formas geométricas esenciales como el cilindro y el cono.