CRISTO YACENTE

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CRISTO YACENTE. 1614. GREGORIO FERNÁNDEZ. MADERA POLICROMADA. MUSEO NACIONAL DE ESCULTURA DE VALLADOLID. ESPAÑA

En esta obra el escultor Gregorio Fernández representa a Cristo muerto, con la cabeza inclinada hacia la derecha y con los párpados y boca entreabiertos. Su cuerpo desnudo, de gran belleza, refleja un perfecto estudio anatómico como lo revelan las costillas marcadas o la elevación del esternón. El artista consigue crear una obra de intenso dramatismo mediante un tratamiento muy realista, en el que no elude incluso a la representación de llagas y heridas sangrantes. La obra quiere conmover al espectador, transmitirle todo el dolor y el sufrimiento de Cristo como hombre, para de esta forma conseguir el acercamiento del hecho religioso a la sensibilidad creyente.

El artista realiza una serie de Cristos yacentes, imágenes que solían situarse en el banco de los retablos y delante del altar mayor de las iglesias el día de Viernes Santo. Será además un tema que quedará como modelo para discípulos y seguidores.

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LA SANTA CAPILLA DEL PILAR

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LA SANTA CAPILLA DEL PILAR DE ZARAGOZA. 1750/54-1765. OBRA DE VENTURA RODRÍGUEZ. ESCULTURA DE JOSÉ RAMÍREZ DE ARELLANO. BASÍLICA DEL PILAR, ZARAGOZA.

Situada en el interior del templo del Pilar, fue proyectada por el arquitecto real y académico Ventura Rodríguez (1717-1785), que tuvo muy en cuenta los referentes de Bernini cuya influencia es evidente, incorporando ciertas ideas dieciochescas.

El arquitecto madrileño tuvo que resolver un gran inconveniente, ya que no se podía mover el sagrado pilar de la Virgen del lugar en el que, según la tradición, había sido colocado por los ángeles en la madrugada del 1 al 2 de enero del año 40 d. C. cuando se produjo la Venida de la Virgen a Zaragoza para confortar a Santiago y los primeros convertidos. Ventura Rodríguez confío la dirección de las obras al destacado escultor zaragozano José Ramírez de Arellano.

La Santa Capilla se concibe como un gran baldaquino, para cuya construcción se utilizaron ricos y variados materiales pétreos: jaspes de diversas procedencias para las columnas, piedra para el zócalo, entablamento y otras partes del templete. A ellos se unía el bronce dorado con el que se realizaron las basas y los capiteles de orden corintio. El cierre de la cúpula se hizo de madera, pintada al exterior y dorada al interior, con decoración de estucos. Se consigue así una plena integración de arquitectura y escultura, con una teatralidad típicamente barroca.

La Santa Capilla se levanta en el segundo tramo de la nave central de la basílica, entre los cuatro grandes pilares que sostienen la cúpula. Tiene una planta cruciforme, de extremos redondeados. En alzado se configura mediante tres pórticos curvos, con entablamento y frontones y un muro cerrado frente al pórtico principal, muro en el que se encuentran tres altares: dos altares laterales a modo de hornacinas con doseles, en los que están, a la izquierda el grupo de los Siete Convertidos junto al Apóstol Santiago, y a la derecha la imagen de la Virgen del Pilar colocada sobre la Santa Columna, dentro de un camarín de plata con fondo de mármol verde tachonado de estrellas formadas por las joyas donadas por los fieles. Entre estos dos altares se encuentra el espléndido grupo escultórico, en mármol de Carrara, que representa la Venida de la Virgen que avanza hacia el espectador destacando sobre resplandores de bronce dorado, como si acabara de irrumpir flotando milagrosamente entre las dos columnas. La Virgen vuelve su rostro hacia el grupo de Santiago y sus discípulos, mientras señala con su mano derecha la Santa Columna, enlazando de forma muy hábil los tres altares, que constituyen de esta forma un único espacio narrativo.

El espacio se cubre con una cúpula oval y cuatro cuartos de esfera. En la cúpula se abren huecos curvilíneos a través de los cuales se contempla la decoración al fresco que pintó Antonio González Velázquez en la gran cúpula que se levanta sobre la Santa Capilla. De esta forma se confiere ligereza a la cubierta y se pone el espacio interior en relación dinámica con el exterior del mismo, es decir, con el espacio de la basílica del Pilar que le circunda. El exterior de la cubierta está decorado con estatuas de santos y ángeles en estuco blanco que refuerzan el sentido escenográfico de todo el conjunto.

 

EL ÉXTASIS DE SANTA TERESA

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EL ÉXTASIS DE SANTA TERESA. 1647-1652. BERNINI. MÁRMOL. CAPILLA DE LOS CORNARO. IGLESIA DE SANTA MARÍA DE LA VICTORIA, ROMA.

Se trata de un grupo escultórico, considerado la obra maestra de Bernini. Se sitúa en una capilla funeraria , en la pequeña iglesia de Santa María de la Victoria, y quiere ser exaltación de una rica familia veneciana.

La escena representada se ajusta a la descripción que hace la santa de su propio éxtasis, por lo que el artista utiliza una fuente literaria como motivo de inspiración. Está concebida dentro de un marco arquitectónico, siendo un perfecto ejemplo de la integración de las artes (arquitectura, escultura, pintura), consiguiendo una verdadera escenografía teatral, típicamente barroca, capaz de sorprender al espectador e incluirlo en el ámbito de la representación.

La escena principal se encuentra en el interior de una hornacina, sobre el altar, flanqueada por columnas dobles que sustentan un rico entablamento curvo. En las paredes laterales de la capilla aparecen representados en un retrato escultórico de grupo los miembros de la familia Cornaro, observando la escena.

Los materiales son variados: un fondo de alabastro, mármol blanco para las figuras y bronce dorado para los rayos. Suspendida en el aire (a 350 cm. del suelo) es la inestabilidad contra el principio de la gravedad. Escondida tras un frontón, la luz entra a través de un cristal amarillo lo que acusa el carácter de visión, la unión mística entre Cristo y la santa. Este tratamiento de la luz contribuye a reforzar el poderoso impacto visual del conjunto.

La figura de la santa se encuentra sobre una nube en actitud desvanecida. El ángel, de gran delicadeza es el perfecto contraste de la santa. Aparece sonriente, de pie frente a la santa, con la flecha que acaba de clavar en su pecho. El análisis formal es un recordatorio de las características de la escultura barroca. La expresión de sentimientos en los rostros, los elementos dinámicos acusados en el drapeado de las vestiduras que crean fuertes contrastes entre la luz y la sombra, el segmento de arco del cuerpo de Teresa frente a la vertical del ángel, la diagonal de la flecha en paralelo con el brazo del ángel, las texturas diversas de la nube en la que se encuentra Teresa, con los vestidos y las partes del cuerpo descubiertas.

Se aprecia un gran virtuosismo técnico en la representación de la textura de la piel, los cabellos, las telas…

BALDAQUINO DE SAN PEDRO

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BALDAQUINO DE SAN PEDRO DEL VATICANO. 1624-1633. BERNINI. MÁRMOL Y BRONCE. 28,5 M DE ALTURA. BASÍLICA DE SAN PEDRO, ROMA

El Baldaquino de San Pedro (1624) es una de las obras más famosas de Bernini. Representa un palio bajo el que se recoge el altar de San Pedro; de no ser por este foco de atracción visual, el altar se perdería en la inmensidad del espacio bajo la cúpula.

El palio –por su propia naturaleza, móvil- se hace aquí permanente: es el altar de la Iglesia que sale al encuentro de la cristiandad universal. Se sitúa sobre el lugar donde se halla la tumba de San Pedro y bajo la gran cúpula que levantó Miguel Ángel. Los caracteres del barroco se resumen aquí: movilidad, fantasía, teatralidad.
Realizado en mármol y bronce, con una altura de 28,5 metros, su descripción deja claros los objetivos: sobre un pedestal decorado de mármol de Carrara, cuatro columnas salomónicas  de orden compuesto con sus correspondientes entablamentos se unen en la parte superior a través de unos colgantes. Cuatro grandes volutas rematan la estructura potenciando la impresión de ascensionalidad. Cuatro ángeles sujetan los cordones del dosel y otros angelitos llevan los símbolos papales (tiara y llaves de San Pedro). Estas figuras confieren un carácter escultórico al baldaquino.

Las referencias icónicas al Papa Barberini (Urbano VIII) que hace de mecenas son constantes: los angelotes llevan la tiara papal y la llave de San Pedro; está presente el escudo heráldico de la familia del Papa –con los símbolos de las abejas y el sol- así como las hojas de laurel de su escudo que corren por las columnas.

La fusión de las artes no puede ser mejor explicada: una escultura que puede ser considerada una arquitectura.