EL JURAMENTO DE LOS HORACIOS

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EL JURAMENTO DE LOS HORACIOS. 1784. JACQUES LOUIS DAVID. ÓLEO SOBRE LIENZO, 3,30 x 4,27 MUSEO DEL LOUVRE, PARIS.

Se trata de una de las obras más celebres del pintor J.L.David. David representa en esta pintura un acontecimiento legendario de la época de la monarquía romana. En el siglo VII a. C. las ciudades de Roma y Alba Longa se disputaban el dominio de la Italia central. Para dirimir esta disputa se enfrentaron en combate, los tres hermanos Horacios, en representación de Roma y los Curiacios, de Alba. El único superviviente del combate fue uno de los Horacios que al ver el llanto de su hermana por uno de sus adversarios, a quien estaba prometida, la mató.

El pintor elige para la representación el momento del juramento, en el que el orgullo patriótico es más intenso. La finalidad de la obra es claramente ejemplarizante, pues quiere infundir en sus contemporáneos el sentido del deber hacia la patria.

La composición refleja un gran equilibrio y racionalidad. Los tres arcos del fondo (arcos de medio punto sobre columnas de orden dórico romano) constituyen el sobrio marco arquitectónico donde se desarrolla la acción y dividen el lienzo en tres zonas. Sobre el primer arco destaca el grupo de los tres jóvenes Horacios, sobre el segundo su padre, ante el que realizan el juramento, y bajo el tercero están las desconsoladas mujeres, con los niños, que temen el destino que les pueda deparar el enfrentamiento con los Curiacios, los más valerosos y adiestrados de la ciudad rival de Alba. Las mujeres expresan dolor y tristeza, como presagiando la muerte. Se establece así un contraste entre la energía y vitalidad desprendida por el grupo de los hombres y el abatimiento de las mujeres. El número tres es una constante en la obra (arcos, espadas, grupos…)

Los volúmenes y contornos están perfectamente definidos por un dibujo preciso, que les confiere valor escultórico. En los colores utilizados destaca por su intensidad el rojo de la túnica del padre, que alude también a la sangre del sacrificio. La luz entra por la izquierda remitiéndonos al tenebrismo de Caravaggio. Los tonos  y la luz se unen para dar una sensación de cierto estatismo y frialdad, características de la pintura neoclásica.

Se trata de una pintura de carácter moral  en la que los jóvenes Horacios representan el heroísmo y el sacrificio de su propia vida, por el bien de Roma, ofreciéndose como ejemplo para la defensa de los valores e ideales de la Revolución.

 

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