LA LIBERTAD GUIANDO AL PUEBLO

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LA LIBERTAD GUIANDO AL PUEBLO. 1830. EUGÈNE DELACROIX. ÓLEO SOBRE LIENZO, 2,6 x 3,25 M. MUSEO DEL LOUVRE, PARÍS.

El cuadro representa los sucesos que tuvieron lugar en París durante los días 27, 28 y 29 de julio de 1830, las llamadas tres jornadas gloriosas, en las que grupos de jóvenes republicanos se levantaron contra las ordenanzas que la monarquía acababa de promulgar y que restringían la libertad de los ciudadanos. Estos hechos provocaron la caída del último rey de la familia de los Borbones, Carlos X y la coronación de Luis Felipe de Orleans, representante de la monarquía liberal, que sería destronado en 1848. Delacroix, en este lienzo, nos recuerda los acontecimientos de la mañana del 28 de ese mes, cuando la insurrección alcanza su momento más álgido. La pintura representa para muchos autores el primer cuadro de naturaleza política de la pintura moderna, junto con algunas obras de Goya. La obra fue adquirida por Luis Felipe de Orleans en 1831, pero no fue expuesta hasta años más tarde por considerarla demasiado “incendiaria”.

La mujer que hace ondear la bandera tricolor sobre las barricadas es un símbolo, al mismo tiempo, de Francia y de la Libertad. Guiados por ella, hombres, mujeres, adultos, muchachos, obreros, intelectuales, burgueses, campesinos y soldados emergen hacia el espectador hermanados bajo la bandera. En primer término, está la barricada donde se encuentran, tratados con extraordinario realismo, los cadáveres de aquellos que ya han caído en su lucha por la Libertad.

El grupo avanza hacia nosotros y sus siluetas quedan perfiladas a contraluz sobre un fondo encendido y humeante en el que se distinguen a la derecha, entre el humo, las torres de Notre Dame y los edificios próximos. Los personajes se mueven , se agitan, levantan las armas y gritan con gestos que logran transmitir un sentimiento de fuerte patriotismo.

La composición nos remite a Géricault, en La Balsa de la Medusa. Las figuras se enmarcan en una pirámide cuyo vértice lo constituye la bandera. En la base, la barricada y los cuerpos inertes de los que ya han sacrificado sus vidas. Los lados vienen definidos por el palo de la bandera y el fusil a un lado, y en el otro, la línea dibujada por los brazos agitados del muchacho que se continúa hasta el punto más alto de la bandera. El gesto de la figura femenina y el del muchacho que la acompaña, imprimen a la obra un poderoso impulso de avance hacia el espectador y transmiten una fuerza y energía extraordinarias. Junto a ella avanzan un representante de la burguesía, con sombrero de copa y arcabuz y un menestral que blande un sable.

La exaltación del color combinada con una pincelada suelta y una luz irreal crean una atmósfera dinámica, agitada, que envuelve a la figura de la Libertad y disuelve los objetos y figuras del fondo.

Este cuadro constituye un auténtico manifiesto de la pintura romántica, en su exaltación de la Libertad, uno de los grandes logros de la lucha política del siglo XIX.

 

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