EL SUEÑO DE LA RAZÓN PRODUCE MONSTRUOS

sueño razon

CAPRICHO Nº 43. EL SUEÑO DE LA RAZÓN PRODUCE MONSTRUOS. SERIE DE GRABADOS LOS CAPRICHOS. GOYA.

Varias son las series de estampas que Goya concibió como un todo, como obra completa y cerrada. La primera son LOS CAPRICHOS (1797-99), obra dotada de una evidente intención crítica y aleccionadora. Al artista le preocupa el poder de difusión de la estampa, enormemente superior al de la pintura por la posibilidad que el grabado tiene de multiplicar la reproducción de la imagen, y la pone al servicio de una labor crítica, de la regeneración moral, aquella que proponía el grupo de sus amigos ilustrados. Los anuncios de la obra, publicados en la prensa madrileña, así lo expresan, aunque un evidente temor a las fuerzas reaccionarias atenuase las afirmaciones tajantes o las alusiones demasiado explícitas.

El número 43 lleva por título El sueño de la razón produce monstruos y fue pensado inicialmente por el autor como portada de la colección. La razón aquí, contenida en los límites del sueño, libera los monstruos de lo que hoy llamamos subconsciente anticipando así la mecánica del surrealismo. Alimañas, lechuzas, ratas aladas, un vampiro gigante, pueblan el mundo de la sinrazón. Uno hasta llega a ofrecerle al artista el portalápices para que siga escribiendo. Únicamente está sereno el lince porque es capaz de ver claro en la oscuridad.

Goya ha de ser considerado como uno de los más grandes grabadores de la historia, a la altura únicamente de Durero, Rembrandt y Picasso. Su curiosidad le llevó a experimentar continuamente técnicas y procedimientos. Realiza los primeros tanteos hacia 1771 y se acoge después, en 1778, al interés de Carlos III por conseguir la difusión del grabado español con una serie que reproduce copias de los cuadros de Velázquez.

Se llama grabado a todas aquellas técnicas en las que el dibujo se realiza sobre planchas por medio de incisiones, porque grabar es hacer una incisión. La virtualidad de este método (y su modernidad) es que una vez grabada la imagen, y tras la estampación (que permite que pasarla a papel por una prensa), el contenido puede reproducirse una y otra vez por lo que queda dispuesto para difundirse mucho más que un cuadro.

Goya utiliza la técnica del aguafuerte y del aguatinta -sobre todo, para los fondos- no la superposición de esta última una vez concluida como había hecho en la “Pinturas de Velázquez”. Esto supone un espectacular avance máxime, cuando el aguatinta apenas se había desarrollado en España porque nunca contó con el agrado de los profesores de la Academia. En otras ocasiones repasaba el resultado con buril, técnica tradicional que se basa en el manejo de un instrumento compuesto por un grueso mango que se adapta a la mano y una barra de acero tallada oblicuamente en la punta para conseguir una forma de rombo cuyo vértice graba el metal.

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