LA VOCACIÓN DE SAN MATEO

caravaggio

LA VOCACIÓN DE SAN MATEO. 1598-1600. CARAVAGGIO. ÓLEO SOBRE TELA, 3,22 x 3,40 M. IGLESIA DE SAN LUIS DE LOS FRANCESES, ROMA.

Fue un encargo para decorar la capilla de la familia Contarelli en la Iglesia de San Luis de los Franceses. Consistía en tres lienzos que representaban escenas de la vida de San Mateo. Sobre el altar se encuentra San Mateo y el ángel y en los laterales , La vocación de San Mateo a la izquierda y El Martirio de San Mateo a la derecha.

El pintor ilustra el pasaje evangélico en le que se nos cuenta la conversión de San Mateo, que era recaudador de impuestos. A la derecha del cuadro aparece Cristo que, acompañado por San Pedro, está llamando a Mateo, sentado junto a cuatro acompañantes en torno a una mesa. Al sentirse interpelado, deja de contar las monedas y mira a Cristo.

Destaca el naturalismo de la obra, característico de Caravaggio. El artista tomaba como modelos para sus obras a tipos humanos de los barrios populares romanos que el frecuentaba. En este caso, el lugar podría ser una taberna cualquiera. Únicamente el leve halo sobre la cabeza de Cristo, otorga un carácter religioso. De esta forma las escenas sagradas podían resultar más cercanas a la gente sencilla.

La luz es un elemento muy importante en la obra. Ilumina selectivamente la escena, dejando amplias zonas en la oscuridad. Entra por una ventana que está fuera del cuadro, en la parte superior derecha y sirve como nexo de unión entre los personajes. Ilumina primero el rostro de Cristo, luego su mano, que llama poderosamente la atención y recorre después al resto de personajes. Este fuerte contraste de luces y sombras (tenebrismo) tiene un claro simbolismo. La luz es la luz de la Verdad, que penetra bruscamente en las tinieblas y llega, junto a la voz de Cristo, al corazón del recaudador de impuestos que se convierte en San Mateo el evangelista.

Hay en la obra un interesante estudio de las reacciones de los personajes. Mateo se señala a sí mismo con asombro y dirige la mirada haca Cristo, los dos jóvenes más cercanos muestran sorpresa, mientras que los personajes más alejados siguen absortos en su ocupación.

La composición intensifica el efecto dramático de la acción. La división horizontal del lienzo en dos partes: la inferior, ocupada por las figuras y la superior, desde donde entra la luz, casi vacía.

En conclusión, comprobamos que en esta obra aparecen muy claramente las características de la obra de Caravaggio: el tratamiento naturalista de las escenas sagradas que las acerca al pueblo, el magistral uso de la luz (tenebrismo) y el estudio de los rostros humanos y sus reacciones.

 

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