PALACIO DE VERSALLES

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PALACIO DE VERSALLES, 1661-1756

El arte barroco siguió en Francia un desarrollo diferente al resto de los países católicos. El barroco francés presenta importantes diferencias con el barroco italiano y se define como clasicista porque su arquitectura será más equilibrada y sobria frente a la teatralidad y recargamiento de la arquitectura italiana.

Durante el siglo XVII la corona francesa se fortaleció de manera espectacular, en un proceso de centralización política que culminó con el absolutismo de Luis XIV.

El edificio más representativo del barroco francés es el Palacio de Versalles, obra de Louis Le Vau y J.H. Mansart y construido bajo la supervisión del rey Luis XIV. El rey eligió este palacio, un antiguo pabellón de caza, como residencia real y con ese motivo se realizaron las obras que lo convirtieron en espléndida residencia real.

Tiene las dimensiones de una auténtica ciudad, que integra el palacio propiamente dicho y los jardines. Está diseñado como un enorme y exquisito escenario en el que todo gira alrededor del monarca, con estrictas normas de etiqueta y decoro. Es símbolo de la autoridad real.

La planta, de un riguroso diseño geométrico en forma de U, tiene en su parte central una gran plaza (tour d’honneur) y unas alas que se extienden casi 400 metros.

El exterior destaca por gran austeridad. La fachada se articula en tres pisos: el inferior almohadillado, el primer piso con esbeltas puertas-ventanas de medio punto separadas por pilastras y el superior como un ático con ventanas casi cuadradas. Una balaustrada remata el edificio.

Contrasta con el exterior la extraordinaria fastuosidad y riqueza decorativa de los interiores. El Salón de los Espejos ocupa el centro del palacio, flanqueado por los salones de la Paz y de la Guerra. Los muros están articulados por elementos clásicos: pilastras corintias, entablamentos partidos y arcos de medio punto que quedan enmascarados por la riqueza de los mármoles y el brillo de los espejos que contribuyen a la alegoría de Luis XIV como Rey Sol.

Tras el palacio se extiende un enorme jardín diseñado por André Le Nôtre, con un trazado ordenado y regular que sirvió de inspiración para el urbanismo del siglo XVIII y al fondo del cual se encuentra, en una perspectiva que parece infinita, el bosque, creando así un marco en el que el rey se presenta como centro de la civilización y también señor de la naturaleza. Destacan parterres geométricos, estanques y una gran avenida que conduce hasta el Gran Canal, avenida delimitada por dos grandes fuentes, con decoración escultórica. Estos grupos escultóricos  simulaban escenas mitológicas, como el de Apolo y las ninfas, obra de François Girardon, que tomó como modelo al Apolo de Belvedere.

 

 

 

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