RETABLO MAYOR DEL PILAR

RETABLO PILAR 2

RETABLO MAYOR DE LA BASÍLICA DE NUESTRA SEÑORA DEL PILAR DE ZARAGOZA. 1509-1518. DAMIAN FORMENT. REALIZADO EN ALABASTRO.

Este retablo, dedicado a la Asunción de la Virgen, fue la primera obra en Aragón del escultor valenciano Damián Forment.

El contrato con el escultor valenciano se realiza en 1509. En el texto figura que los pilares, las imágenes y la mazonería fueran “tan buenos o mejores que el Asseu”; es decir, el retablo de La Seo es el referente. Está realizado en alabastro de Escatrón(Zaragoza), excepto el guardapolvo que lo enmarca, que es de madera.

La disposición del retablo se ajusta a la tradición y a una precisa iconografía. En el sotabanco, dividido en siete casas, destacan, representados dentro de dos medallones, los retratos de Forment y su esposa, en un bajorrelieve. También aparecen escudos pilaristas sostenidos por ángeles, todo con una rica decoración renacentista, formada por columnas abalaustradas, guirnaldas, putti, bucráneos, etc…

En el banco encontramos siete altorelieves, dentro de hornacinas veneradas y bajo doseletes góticos, en los que se representan escenas de la vida de la Virgen y de Cristo, separadas por estatuillas de santos y apóstoles.

El cuerpo principal del retablo se organiza en tres calles, con una escena en altorrelieve cada una, la mayoría de las figuras están tratadas como si fueran esculturas de bulto redondo. En el centro está representada la Asunción de la Virgen, a la izquierda la presentación de María en el templo, y a la derecha el Nacimiento de la Virgen.

Sobre la escena principal se abre un óculo, para exponer el Santísimo Sacramento en los días de fiesta, que será algo habitual en los grandes retablos aragoneses. Encima aparece Dios Padre con una Gloria de ángeles. En el piso superior destacan las cresterías y doseletes gótico-flamígeros, de gran belleza, que protegen pequeñas estatuas de santos.

El retablo estuvo policromado, pero el color solo se aprecia en las escenas del banco.

 

En cuanto al estilo vemos los condicionamientos góticos pero, a la vez, el nuevo espíritu renacentista tanto en los elementos ornamentales como en el enmarcamiento de las escenas y el estilo de la mayor parte de las formas. Las escenas principales son figuras casi exentas con un tratamiento clasicista de los ropajes, los rostros, a lo que sumar el marcado expresionismo de la escultura hispana, como en ese Santiago que se vuelve desde el centro y mira la escena de la Presentación. También es renacentista el que aparezcan reconocibles el autor y su esposa.

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