LA CAPILLA SIXTINA

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LA CAPILLA SIXTINA. 1508-1512. MIGUEL ÁNGEL. SAN PEDRO DEL VATICANO, ROMA.

MIGUEL ÁNGEL BUONARROTI demostró también ser un pintor excepcional; en su creación estuvo a mitad de camino entre el clasicismo y el manierismo. Julio II le va a encargar pintar las bóvedas de la Capilla Sixtina, como compensación al abandono en la ejecución de su tumba. El trabajo le llevará de 1508 a 1512. Tras el paso de 24 años decorará el muro frontal de la misma Capilla, en el que plasmará su Juicio Final.

La Capilla Sixtina fue mandada construir por el papa Sixto IV hacia 1475. Las paredes habían sido pintadas al fresco a finales del siglo XV por maestros quattrocentistas y la bóveda estaba cubierta de una tonalidad azul y de estrellas doradas. Allí, sobre 500 metros cuadrados de bóveda, pintará Miguel Ángel más de 300 cuerpos a 25 m. de altura.
La temática es religiosa. En los lunetos se representan los antepasados de Cristo desde Abraham; las bovedillas se dedican a las familias hebreas a la espera del Mesías; entre las bovedillas, los tronos de las Sibilas y los Profetas y, en el centro, la Historia del Génesis en diversas escenas (Expulsión del Paraíso, Nacimiento de Adán, Diluvio…).

Miguel Ángel simula diez arcos fajones con la intención de dividir la gran bóveda de cañón en nueve tramos. Dos falsas cornisas parten los tramos en tres registros.

En las esquinas están sentados los ignudi, un total de 20 adolescentes desnudos, como esculturas vivas, sin justificación narrativa, que sostienen medallones de bronce con escenas del antiguo testamento.

La escena protagonista, situada en el centro, es la creación de Adán, en la que capta el instante en que Dios insufla vida a Adán.

Técnicamente se trata de un fresco con retoques de temple en el que destaca la fuerza del dibujo con la característica tensión miguelangelesca: formas abiertas, dilatadas, robustas, que tienen como referente el desnudo clásico.

La restauración llevada a cabo en los noventa del pasado siglo puso de manifiesto la importancia de los colores vivos y contrastados.

En los frescos de la Bóveda de la Capilla Sixtina encontramos a un artista que se mueve entre cierto equilibrio y la perfección clásica y que, en parte, sigue la tradición escultoricista de Giotto, Masaccio: la escultura y la arquitectura fingidas por la pintura.

Mientras pinta la Capilla Sixtina, bajo el mecenazgo de Julio II, Miguel Ángel coincidirá en el Vaticano con artistas como Rafael y Bramante, que estaban trabajando para el Papa.

Después de 20 años Miguel Ángel acomete la decoración del fresco mural de la pared del fondo de la Capilla. Aquí vamos a encontrar otra concepción, un espíritu anticlásico a favor de la expresividad de los condenados. Se trata del Juicio Final (1536-1541).

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