PANTOCRATOR DE SAN CLEMENTE DE TAHULL

San Clemente de Taull. Pantocratortahull

Pinturas del ábside de San Clemente de Tahull. S XII. Autor anónimo. Pintura mural, realizada al fresco. Original de la pequeña iglesia de San Clemente de Tahull y hoy trasladada al Museo de Arte de Cataluña. Se trata de uno de los conjuntos más espléndidos de la pintura románica española.

Se trata de un formidable Pantocrátor que ocupa gran parte del ábside. Está sentado sobre el arco iris y dentro de una MANDORLA mística (aureola de forma elíptica o almendrada que encierra la figura de Cristo como símbolo de gloria). Alza la mano derecha en señal de bendición y sostiene en la izquierda el libro de las Escrituras en el que se puede leer “Ego sum lux mundi”, “Yo soy la luz del mundo”. Alrededor de la cabeza ostenta el nimbo con la cruz y encima de sus hombros están escritas la primera (alfa) y la última (omega) letra del alfabeto griego que simboliza el principio y el fin de todas las cosas. Es el Cristo del final de los tiempos, el Señor del universo que en su segunda y definitiva venida hace que se inclinen ante él los ángeles y la creación toda. Alrededor de Cristo aparecen el Tetramorfos (símbolos de los evangelistas): el león, símbolo de San Marcos; el toro, símbolo de San Lucas; un ángel, símbolo de San Mateo y el águila, símbolo de San Juan. Completan el espacio ángeles serafines. En la parte inferior se representan a la Virgen y cinco apóstoles.
Un solo objetivo: el poder y la fuerza de la divinidad deben quedar patentes para el espectador. A este fin van a parar todos los recursos del artista que opta por un claro expresionismo.

La composición tiene una clara disposición simétrica, con la figura de Cristo en Majestad en el centro, de mayor tamaño para destacar su importancia, de acuerdo con el sistema de proporción jerárquica. El resto de personajes se disponen siguiendo la ley de adaptación al marco arquitectónico.

El color está aplicado en tintas planas, aunque en los paños se sugiere cierta sensación de volumen. La gama cromática utilizada es fría en la figura de Cristo y más cálida en el resto.

Los rasgos del rostro nos enseñan la geometrización: los ojos son dos severos círculos negros; la nariz, dos líneas paralelas que dividen el rostro y se prolongan en unas cejas altas y abiertas que agrandan el gesto de la cara; la barba y el pelo, un alarde de geometría compositiva y de esquematismo lineal. Todo inscrito en el potente óvalo de la cara.

No encontraremos ni modelado, ni simulación de profundidad. El fondo se resuelve mediante bandas de colores planos.

El objetivo se ha conseguido: la representación perfecta de una divinidad sobrenatural que “no es de este mundo”. Al ámbito sobrenatural remiten su fuerza, su inmovilidad y la fijeza de su mirada. La frontalidad y el hieratismo ayudan a crear esta sensación.

La pintura románica tiene una función didáctica y moralizante, porque enseña al pueblo iletrado las verdades de la fe y les muestra cuál es el camino de la salvación.

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