EL PRENDIMIENTO DE JESÚS. GIOTTO

06 El Prendimiento

1304-1313. Giotto. Fresco con retoques al temple. Capilla Scrovegni, Padua (Italia).

Esta pintura mural forma parte de la decoración de la Capilla Scrovegni en Padua. Enrico Scrovegni, perteneciente a una poderosa familia, mandó construir esta capilla en 1304 para hacer perdonar los pecados de su padre, a quien Dante sitúa en el infierno de los usureros.

Representa una escena de la Pasión de Cristo: el beso de Judas y el prendimiento de Jesús en el huerto de los Olivos.

La técnica empleada es el fresco, con retoques al temple. Giotto siguió el procedimiento habitual de preparación del muro, pero cambió la manera de preparar los colores. Utilizó un procedimiento consistente en batir los colores con el jugo clarificado de yemas y arbustos, higos verdes y otras sustancias que hacían los colores más claros y vivos.

Destaca la expresión del sentimiento; estamos ante el primer pintor que lo introduce en la pintura, concretamente las relaciones psicológicas que existen entre los distintos personajes representados por medio de gestos que algo tienen de teatral. Judas cubre con su manto a Cristo y todas las miradas confluyen en este acontecimiento que marca el pasaje mientras el personaje de la derecha, más explicito aún, señala con el dedo la consecuencia de la traición: el reconocimiento.

Un segundo elemento fundamental es la representación del volumen y la profundidad. El sombreado rompe con la tradición de la pintura plana del arte bizantino y con los colores puros heredados de las vidrieras. El volumen se consigue con el modelado de los ropajes a través de efectos de luz y de sombra. La monumentalidad de las figuras se alcanza también simplificándolas al máximo a fin de que nada obstaculice la buscada impresión de corporeidad.

Otra novedad que podemos apreciar es que ha desaparecido el fondo plano y dorado. Giotto lo sustituye por paisajes rurales o urbanos esquematizados pero que propician un marco convincente en el que se mueven las figuras. La importancia del dibujo es incuestionable. También lo es que las figuras recuperan las proporciones humanas. A Cristo no lo reconocemos por su mayor tamaño sino por su nimbo, serenidad y belleza.

 

Giotto rompe con la manera de pintar tradicional que venía del románico y estaba impregnada de influencia bizantina; no parte ya de una imagen ideal de la realidad sino de la imagen óptica que de ella poseemos. Esto en pintura quiere decir una transformación tanto en la creación de un espacio que parezca real como en la expresión del sentimiento. Las figuras de Giotto van a dejar de ser irreales y simbólicas.

 

El primer ciclo de pinturas murales que conocemos de Giotto fue realizado en la iglesia de Asís, la patria de san Francisco. No puede extrañarnos que su pintura ande cerca de la espiritualidad franciscana que abría el cristianismo a la naturaleza encontrando a Dios en sus criaturas.

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