CATEDRAL DE LEÓN. Nave central.

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catedral-leon--644x362Detalle_de_dos_vidrieras_del_claristorio_de_la_catedral_de_León

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Posiblemente la más francesa de las catedrales góticas castellanas sea la Catedral de León que se comenzó bastante avanzado el siglo XIII y fue dirigida por el Maestro Enrique, el mismo que había trabajado en Burgos. Su planta, de cruz latina recuerda mucho la concepción de la cabecera muy desarrollada (hipertrofiada) de Reims. Presenta tres naves, la central mucho más alta que las laterales, otras tres en el crucero y ábside pentagonal con girola simple y cinco capillas radiales de forma trapezoidal.

Nos vamos a detener en el interior que la convierte en la catedral española de mayor luminosidad y que mejor ha conservado sus vidrieras. El alzado presenta los tres niveles del gótico clásico: primer nivel formado por arcos ojivales apoyados en pilares fasciculados con columnillas adosadas que actúan de soporte y de separación entre la nave central y las laterales, el segundo nivel corresponde al triforio (también con ventanas que recorren el contorno de la catedral luciendo motivos heráldicos de bellísima policromía) y el tercer nivel lo forman 230 ventanas ojivales con bellísimas vidrieras presididas por imágenes de santos y profetas que dotan al interior de una extraordinaria luminosidad.
Se aprecia con claridad la bóveda de crucería con los airosos arcos ojivales que necesitarán arbotantes para alzarse a tanta altura. Aunque la nave central no es excepcionalmente elevada, su ligereza y elegancia son extremas.

Sin lugar a dudas, lo más destacado de la catedral de León son las vidrieras, consideradas como el conjunto más importante del medievo español. El colorido utilizado es rico y variado, pues además del azul y el rojo (como en Francia) se utilizan el verde, el ocre y el amarillo. Su realización se lleva a cabo en varias fases. En primer lugar se realizaba el dibujo y luego se procedía a cortar las piezas de vidrio con puntas incandescentes de hierro y diamante. Para obtener la policromía se utilizaban bien vidrios de color o bien se aplicaba pintura sobre el vidrio. Las piezas sueltas se montaban siguiendo el diseño de la composición. Se metían en listeles de plomo de doble acanaladura (sección en H) soldados entre sí con estaño. Formaban una especie de gran red irregular que se insertaba  en un gran bastidor de hierro para colocar definitivamente en la ventana.

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